Limpiar la estructura de aluminio con agua, jabón neutro y un paño suave o una esponja no abrasiva. Evitar el uso de lejía, disolventes, estropajos metálicos y productos agresivos que puedan deteriorar el acabado lacado.
Retirar periódicamente el polvo y la suciedad acumulada en el interior, las bisagras, los tiradores y las zonas de cierre. Secar completamente el mueble antes de guardar textiles u objetos sensibles a la humedad.
Comprobar regularmente el estado de las ruedas y eliminar cualquier resto de suciedad que pueda dificultar su movimiento. Revisar también los frenos, tornillos y elementos de fijación.
En zonas próximas al mar o a piscinas, aclarar periódicamente el armario con agua dulce para eliminar restos de salitre o cloro y secar después con un paño limpio.
Durante periodos prolongados sin uso, se recomienda colocar el armario en una zona protegida o utilizar una funda transpirable. Evitar desplazarlo con exceso de peso en su interior.